Como es sabido, recientemente ha sido publicado el Decreto 73/2011, de 22 de marzo, del Gobierno de Aragón, por el que se establece la Carta de derechos y deberes de los miembros de la comunidad educativa y las bases de las normas de convivencia en los centros educativos no universitarios de la Comunidad Autónoma de Aragón.





En la exposición de motivos del citado Decreto leo lo siguiente: “En el ámbito de los procedimientos de corrección de las conductas, se pretende simplificarlos para facilitar su realización a los centros docentes y agilizarlos observando las debidas garantías. Se introduce el término de corrección o medida correctora, ya que la posibilidad legal de afrontar las conductas del alumnado que no se ajustan a las normas de convivencia no constituye la expresión en los centros docentes de la potestad sancionadora de la Administración, sino que es parte de la propia función educadora que implica la necesidad de corregir las conductas inadecuadas del alumnado y dar pautas de conducta correcta” y en seguida me pregunto en qué consisten esas “medidas correctoras”.

Con asombro descubro el artículo 65 que hace referencia a las medidas correctoras de las conductas gravemente perjudiciales y medito sobre el punto quinto: “Suspensión del derecho de asistencia al centro durante un período superior a cinco días lectivos e inferior a veinte días lectivos. Durante el tiempo que dure la suspensión, el alumno deberá realizar los deberes o trabajos que se determinen para evitar la interrupción en su proceso formativo”. Es decir que, por ejemplo, un alumno/a que ofenda gravemente de palabra u obra a algún miembro de la comunidad educativa puede ser expulsado del centro educativo diecinueve días. Así, desde mi punto de vista, la disciplina se convierte en una de las tareas más importantes en el aula y esto no puede ser. Ante situaciones complejas y complicadas se refuerzan los Reglamentos de disciplina (los Reglamentos de Régimen Interior) debido a la existencia de muchos alumnos que “no aprenden y molestan” en vez de buscar soluciones alternativas para solucionar los conflictos. Desde este prisma, el alumno debe ser dócil y respetar la disciplina impuesta. La dinámica escolar está basada en una estructura de control donde las decisiones vienen desde arriba. En definitiva: paradigma Conductista en su máxima expresión. Como sabemos, algunos de los autores conductistas más conocidos son: Burrhus.F.Skinner, Pavlov, John B. Watson, Vladimir M.Bekhterev, Edwin Guthrie, Clark L Hull, Edward C.Tolman y Edward Thorndike.

La cuestión es: ¿es ésta la mejor solución?, ¿conseguimos que el alumno deje de actuar de ese modo si lo enviamos a casa diecinueve días?, ¿lo considerará como un premio? Todas estas cuestiones me han llevado a analizar este tema en profundidad y parece que no soy la única que reflexiona sobre estas cuestiones. En esta línea, me ha resultado muy interesante una noticia, del Correoweb.es de Andalucía, donde los profesores rehúsan expulsar a un alumno como vía de sanción.

http://www.elcorreoweb.es/andalucia/074834/maestros/rehusan/expulsar/alumno/via/sancion


En esta noticia, se comenta que el borrador de los nuevos Reglamentos Orgánicos de Centro recibió una oleada de críticas y aportaciones de más de mil profesores convocados por la Consejería de Educación en Málaga con el fin de redefinir las reglas de la escuela el próximo curso. Los docentes pedían a Educación que elimine la expulsión de la lista de sanciones que contempla el reglamento en caso de que el alumno cometa una infracción grave.

Algunos de los comentarios que realizan los profesores son los siguientes: "la expulsión de 30 días es excesiva y en caso de aplicarla, muy excepcionalmente, debe ir muy controlada”, "no es operativa porque la vuelta del alumno es peor", "es más operativa la medida de cambio de centro y se aplica poco", "es mejor habilitar un aula donde sean atendidos por trabajadores sociales en vez de mandarlos a casa", "crear una normativa general para tratar a estos alumnos difíciles dentro del centro", "la expulsión a casa no la debe recoger este sistema, porque la mayoría de las veces se quedan solos", "hay que buscar líneas de colaboración con Asuntos Sociales para que vengan al colegio a atender a estos alumnos, que suelen ser de familias desestructuradas", "la comisión de convivencia está para prevenir, pero se usa fundamentalmente para sancionar".

Desde mi punto de vista, estos profesores tienen toda la razón. En mi opinión, esta medida puede ser aplicada a dos tipologías de alumnos:


  • alumnos que no sean muy conflictivos pero, sin embargo, hayan cometido una infracción que puede ser objeto (si aplicamos la normativa) de una expulsión de hasta diecinueve días. En este caso considero que la sanción es desmesurada y además no tiene ninguna conexión con la infracción realizada.
  • alumnos conflictivos que cometen infracciones de esta clase con asiduidad. En muchas ocasiones, estos alumnos provienen de familias desestructuradas y con graves problemas. En este caso, tal y como comentan los profesores de Málaga, los alumnos se quedan solos en sus casas la mayoría de veces haciendo lo que quieren y consideran el la expulsión como un premio.

Por ello, una de las medidas (interesantísimas desde mi punto de vista) que se está aplicando hoy en día en muchos institutos es el programa de alumnos mediadores. Con este programa se pueden solucionar problemas de menor gravedad y prevenir futuros conflictos más complejos. La idea es que los propios alumnos, con el apoyo de compañeros del mismo centro, resuelvan sus conflictos sin necesidad de que intervengan los profesores o el régimen disciplinario del centro y aprendan valores como el respeto, la tolerancia y el diálogo. Así, la mediación educativa tiene un valor en sí misma, ya que enseña que existen otras vías, distintas del enfrentamiento, para resolver los problemas. Con ella el alumno aprende a escuchar las razones de la otra parte y se ayuda a reforzar la parte positiva de la persona.
Debido al interés que me suscita este tema y con el fin de definir el concepto de castigo, conocer su historia y tipología y, en definitiva, analizar en profundidad las distintas teorías y opiniones aportadas hasta el momento sobre este tema, he realizado un breve estudio.
El concepto “castigo” es controvertido debido a la evolución histórica del término y a la asociación del mismo con la trasgresión de los derechos humano. Lo que si parece quedar claro para la mayoría es que una de sus características principales es que reduce la probabilidad futura de que se repita cierta conducta considerada indeseable. Así pues, podemos concretar que el castigo es una reducción de la probabilidad futura de dar una respuesta específica, después de haber administrado de forma inmediata un estímulo ante esta respuesta. En este caso el estímulo se designa con el nombre de estímulo punitivo, denominando al proceso completo castigo.

Skinner afirma que el castigo tiene como objetivo la supresión de conductas indeseables y apunta que es posible que la conducta por la que el sujeto fue castigado se manifieste nuevamente cuando las contingencias punitivas finalizan.
Aunque se tiene conciencia que los refuerzos son más efectivos, las prácticas punitivas con los niños (tanto verbales como físicas), existen todavía, e incluso en algunos países, como se verá más adelante, el castigo corporal es todavía utilizado.


TIPOLOGÍAS DE ESTRATEGIAS PUNITIVAS
1. CASTIGO CORPORAL
El castigo corporal o también denominado castigo físico, es uno de los métodos de disciplina del que se valen algunos padres, y en ciertos países algunos docentes, sin tener en cuenta algunas de las variables como la intensidad o frecuencia de la estimulación punitiva, o la naturaleza y fuerza de la conducta castigada. Este tipo de estrategia, aun habiendo sido aplicada durante siglos por maestros, padres y educadores, hoy en día y concretamente en nuestra sociedad ha quedado relegada a un último lugar. Pero aún no podemos dejar de hablar de él, ya que en ciertos lugares quedan algunas personas que lo defienden y utilizan como estrategia de inhibición de comportamientos molestos.
El término castigo físico no aparece en la legislación Española que, a pesar de ello, sí sanciona explícitamente todo tipo de violencia ejercida con los niños. Por tanto se considera que el castigo físico no es legal. Sin embargo el Código Civil continúa contemplando que los padres pueden “corregir razonable y moderadamente a los hijos”, sin poner límites a esta “corrección”. En España no se puede pegar en los colegios desde 1985, cuando legalmente se reconoció el derecho de los alumnos a que “se respete su integridad y dignidad personales”. Los profesores pueden ser sancionados por ello, cosa que no sucede, por ejemplo, en Irlanda, a pesar de que, también allí, se prohíbe el castigo corporal en los colegios.
Cabe decir, que en el pensamiento humanista el castigo físico está ampliamente desacreditado. Esto es debido entre otras razones, a que las ideas educativas se oponen a este tipo de castigo que sumadas a razones psicológicas hacen de este sistema desaconsejable. Se considera que el castigo corporal es como una forma de castigo artificial. Por tanto, algunas de las razones que los autores plantean en contra del uso del castigo físico son entre otras las siguientes:
- Quién impone el castigo libera tensión en forma de agresión. Esto hace que disminuya su malestar por alguna situación molesta que haya vivido, sea por culpa de a quién castiga o no.
- Muchas veces el adulto recurre a este tipo de castigo porque es una vía más fácil y rápida de acción al perder la calma. Esto hace que no se distancie del hecho y no incitará al niño a la reflexión y al pensamiento como precursores de la acción.
- Además de las razones expuestas anteriormente se debe recordar que el castigo físico usado habitualmente insensibiliza al niño frente a él, con lo cual las reacciones, al ser cada vez más violentas para conseguir el mismo efecto, pueden llevar a problemas muy serios (fuertes accidentes, etc).
- Diversas investigaciones han descubierto una relación positiva entre castigo físico y numerosos indeseables resultados, incluyendo agresión, comportamiento desviado, abuso de substancias y actividad criminal. También se ha detectado menor éxito económico, depresión y pensamientos suicidas.
- El castigo físico casi siempre ofrece inapropiados modelos de comportamiento al niño. Unos de los hallazgos más claros es el hecho que los niños que han sido pegados más frecuentemente acostumbran a pegar más a los otros niños. Si los niños perciben que los padres y profesores resuelven sus problemas pegando, será lógico que estos mismos niños se sientan predispuestos a solventar sus propios problemas pegando a la gente que los molesta.
El castigo físico tiene desventajas para los niños (daña su autoestima, genera sensación de minusvalía, promueve expectativas negativas respecto a sí mismo, les enseña a ser víctimas, interfiere sus procesos de aprendizaje y el desarrollo de su inteligencia, sus sentidos y su emotividad, aprenden a no razonar, les hace sentir soledad, tristeza y abandono , incorporan a su forma de ver la vida una visión negativa de los demás y de la sociedad como un lugar amenazante, crea un muro que impide la comunicación padres-hijos y daña los vínculos emocionales creados entre ambos, les hace sentir rabia y ganas de alejarse de casa, engendra más violencia, enseña que la violencia es un modo adecuado para resolver los problemas y no se aprende a cooperar con las figuras de autoridad, se aprende a someterse a las normas o a transgredirlas), para los padres (puede producir ansiedad y culpa, incluso cuando se considera correcta la aplicación de este tipo de castigo, la violencia se expande. El empleo de castigo físico aumenta la probabilidad de que los padres muestren comportamientos violentos en el futuro en otros contextos, con mayor frecuencia e intensidad, impide su comunicación con los hijos y deteriora las relaciones familiares...) y para la sociedad (aumenta y legitima ante las nuevas generaciones el uso de la violencia en la sociedad, promueve modelos familiares quebrados sin comunicación entre sus miembros, no integrados en la sociedad, dificulta la protección de la infancia. Al tolerar estas prácticas, la sociedad queda deslegitimizada ante los niños y niñas como un ámbito protector, se educan ciudadanos sumisos que han aprendido en sus primeros años de vida que ser víctima es una condición natural de los individuos que conformamos la sociedad...).
Sin embargo, no todos los autores consideran el castigo corporal como algo negativo e incluso consideran que presenta algunas ventajas. La mayor ventaja del castigo corporal que manifiestan los diversos autores, es que es muy probable de ser recibido como desagradable. Para los críticos del castigo corporal esta ventaja puede sonar como desventaja. Es por tanto importante recordar que el castigo en su definición incluye una estimulación desagradable; la diferencia clave es que el castigo corporal incluye daño físico más que psíquico.
También y desde un punto de vista psicoeducativo, la ventaja en su utilización, vendría dada por la inmediatez de su aplicación y por la rapidez en que se lleva a cabo el proceso de castigo, el castigo corporal puede ser administrado rápidamente. Sólo hay que recordar que en momentos de tensión, frustración, pérdida de nervios, etc, a veces algunos adultos podemos perder el control, y es entonces cuándo incluso de una forma totalmente involuntaria a nuestros deseos podemos comportarnos si se quiere decir “más violentamente” ante una situación determinada.
Según Edward Vockell en las aulas donde el castigo corporal no es utilizado, la situación es casi siempre más ambigua, los estudiantes no sabrán que es lo que les ocurrirá si se comportan mal en el aula, en cambio en las aulas donde sí se utiliza, los estudiantes sabrán que les ocurrirá ante un comportamiento disruptivo. Esta ventaja será minimizada si el castigo corporal es administrado caprichosamente o inconsistentemente.


2. ESTRATEGIAS PUNITIVAS VERBALES
Si bien actualmente y en nuestro país ya no se utilizan los castigos corporales en las instituciones escolares, desgraciadamente todavía son bastante frecuentes los maltratos morales por parte de algunos adultos (padres, profesores, etc) a los niños. Este tipo de castigo a veces se asume como un método necesario para el buen funcionamiento de la conducta. Cabe decir, que en la mayoría de los casos este tipo de castigo se produce nada más en ciertas ocasiones en que el adulto pierde completamente el dominio de sí mismo.
Castigar verbalmente es una de las formas más habituales de castigo. Es a través de esta acción que se quiere demostrar un enfado o enojo hacia ciertas conductas que desaprobamos. Además las reprimendas verbales resultan fácilmente aplicables aunque los resultados de ciertas investigaciones indican que no son del todo efectivas. Se utiliza por tanto la palabra en lugar de la acción, así podemos decir que se usa como sustituta de la acción. Lo que ocurre es que la palabra, utilizada en la mayoría de veces como medio de comunicación, aquí se utiliza como sistema para evacuar de forma rápida el malestar que hayan provocado ciertas situaciones desagradables.

3. RETIRADA DEL AFECTO
Esta consiste en expresiones hostiles hacia el sujeto acompañadas de frases como: “no te quiero”, “no quiero verte más”, etc. La retirada de afecto afecta de forma diversa según el sujeto y según la edad. Así pues, en edades tempranas, sujetos de corta edad asocian el rechazo afectivo al miedo de ser abandonados, de manera que se activa aún más la angustia de separarse o perder a seres queridos.

4. AMENAZA DE CASTIGO
La mayoría de veces los adultos no pegan a los niños sino que prefieren amenazarles con actos de agresión. Consideran fácil controlar a los niños por estos medios, al menos de forma temporal y de esa forma no se sienten tan culpables al no haber utilizado la fuerza física para resolver ciertos problemas. Al utilizar la amenaza, al principio el niño obedece por miedo, mientras cree en las amenazas del adulto. En esta etapa ya aprende a hacer cosas a escondidas y a decir mentiras para evitar los terribles castigos que él cree que le esperan. Más tarde cuando comienza a darse cuenta que las amenazas no tienen fundamento, llega a la conclusión (correcta, por otra parte) de que los adultos mienten.
Aún lo anteriormente comentado, no debemos descartar que sí que es cierto que las amenazas pueden funcionar cuando hay situaciones peligrosas específicas que requieren una respuesta inmediata.

5. ESTRATEGIAS PUNITIVAS NO VERBALES
Las estrategias punitivas no verbales se encontrarían dentro de la comunicación no verbal. Al no hacer uso de la fuerza física hace que a veces no seamos conscientes de la influencia que puede haber a través de el en los demás. La gesticulación que acompaña una riña o simplemente una mirada inquisidora, es suficientemente potente como para proporcionar mensajes que, quienes atienden captan con mayor facilidad y menor ambigüedad que si de castigo verbal se tratara.

6. ESTRATEGIAS PUNITIVAS RELACIONADAS CON LA FALTA
En la medida de lo posible se debe establecer la relación entre castigo y falta. Es decir, si el sujeto ha roto algún objeto deberá acabar pagándolo. Lo importante será que el sujeto vaya progresivamente responsabilizándose de su conducta, de manera que el adulto debe enfrentarle de forma realista y moderada a las consecuencias de la misma.

En mi opinión esto resulta fundamental. De nada sirve castigar a un alumno que, por ejemplo, ha reiterado conductas contrarias a las normas de convivencia del centro a lo largo del curso, expulsándolo a su casa. Ya hemos analizado los comentarios que alegaban los profesores de Málaga en relación a este tema.

7. OTROS TIPOS DE ESTRATEGIAS PUNITIVAS
7.1 Exclusión sistemática (time-out)
7.2 Coste de respuestas
7.3 Práctica negativa
7.4 Sobre corrección
5.7 Castigo Vicario


EFECTIVIDAD DE LAS ESTRATEGIAS PUNITIVAS: MOMENTO Y FORMA DE ADMINISTRACIÓN
El empleo de estrategias para interrumpir los comportamientos de indisciplina como técnicas para controlar la conducta, ha sido muy cuestionado entre teóricos del aprendizaje y educadores. Thorndike por ejemplo fue uno de los autores que cambió de postura sobre la eficacia del castigo, ya que consideraba que refuerzo y castigo tenían efectos contrarios, siendo la recompensa un vínculo entre estímulo y respuesta, mientras el castigo la debilitaba. Posteriormente revisó su teoría considerando que la recompensa era más efectiva a la hora de reforzar un aprendizaje, de lo que lo era el castigo para debilitarlo.
Actualmente algunos autores comentan que no existe ninguna evidencia clara de que la utilización de estrategias punitivas sirva para lograr un aprendizaje óptimo. Esto puede ser recibido de forma escéptica, especialmente entre el colectivo docente de cierta edad, que recuerdan según ellos, los efectos del castigo para mantener la disciplina en clase. No se puede dejar en el olvido los resultados de muchas investigaciones que muestran hasta que punto su uso, bajo ciertas circunstancias, puede resultar idóneo para incrementar el aprendizaje. En concreto, Meyer y Offenbach investigaron el efecto de las estrategias punitivas en función de la complejidad de la tarea, concluyendo que la utilización del castigo verbal más el refuerzo, se relacionaban con mejores rendimientos de los alumnos si se compara con la sola utilización del refuerzo verbal. Parke considera una serie de aspectos significativos en el tema del castigo en humanos, estos son: momento de administración, intensidad, naturaleza de las relaciones entre el agente del castigo y la persona que lo recibe, consistencia en su administración y variables relacionadas con la estructura cognitiva del alumno castigado.
Siempre debemos tener en cuenta las siguientes cuestiones:



  • Castigar el comportamiento no a la persona. El castigo nunca deber ser presentado o percibido como un ataque personal.
  • Especificar claramente qué comportamientos y en qué condiciones van a castigarse.
  • Que la aplicación de la estrategia sea lo más inmediata posible en la secuencia del comportamiento.
  • Consistencia en la práctica.
  • Tener en cuenta el tipo de estrategia que se va a utilizar, así como la intensidad. Hay que recordar que la intensidad y severidad de éste debe relacionarse con la gravedad y frecuencia del comportamiento de indisciplina.
  • Indicar al alumno posibles alternativas y sobre todo, estar seguro que el niño ve el castigo como aversivo.


Lo que sí debe quedar claro es que ninguna estrategia punitiva es universalmente eficaz para todos los alumnos. Mayor severidad en los castigos no corresponde a mayor eficacia y orden en el trabajo. Además, la eficacia del castigo depende de muchos factores, entre ellos de su naturaleza, de la manera en que los sujetos lo perciben y de la forma en que se administra, variables que anteriormente ya se han contemplado.
Un castigo correctamente aplicado pretende, desde mi punto de vista, desacostumbrar al alumno a comportarse mal y reparar actitudes indeseables. Los castigos son simples medios auxiliares, ayudan al alumno a sentirse corresponsable de su propio comportamiento. Pero para cambiar la conducta de un alumno el castigo no puede ser la primera estrategia animando, reforzando y estimulando también se pueden lograr buenos resultados. El castigo debe ser predecible y tiene que tener algo en común con la conducta indeseable (paradigma conductista). Además, no es prudente amenazar con castigos que no se pueden cumplir, y este no tiene que ser peor de lo necesario, ya que los castigos demasiado fuertes conllevan agresividad.


EL CASTIGO COMO RECOMPENSA

Pero no siempre que se aplican estrategias para interrumpir el comportamiento disruptivo los sujetos lo interpretan como una consecuencia aversiva o negativa, sino que a veces podemos encontrarnos ante sujetos que lo asuman como una recompensa. Así podemos encontrar aquel típico alumno que ante las amenazas del profesor, el ponerlo constantemente en evidencia ante el grupo-clase, el gritarle, etc, pueden estar sujetos a una necesidad por parte de tal alumno y en consecuencia y de una forma un tanto peculiar, puede que produzca el efecto contrario al deseado y en vez de disgustarlo le estamos motivando a que repita más y más aquella conducta no deseable. Lo mismo ocurre con los casos de expulsión de alumnos por faltas graves.


¿Cómo perciben los profesores los castigos?

Algunos estudios han investigado la perspectiva de los profesores respecto a la efectividad de los castigos Highfield & Coffyn Pinsent, o la frecuencia con la cual ellos usan varias aproximaciones, Harrop & Williams o Eamonn Ferguson.
Estos estudios han investigado tanto castigos como recompensas, mostrando que la información positiva por parte del profesor enviada a casa a la familia del alumno, no es considerada por los docentes como un refuerzo particularmente potente. Por otra parte respecto a informaciones negativas cabe decir que los profesores consideran la importancia de la consistencia de los padres, respecto a la forma de castigo impuesta. Los profesores consideran que el hecho que los padres se involucren es de importancia primordial en determinar la importancia de la eficacia de los castigos en la escuela, así como de las recompensas. Aunque con todo esto no hay que olvidar que los profesores suelen optar generalmente por la vía del diálogo antes que por la del castigo.

Kinkaid pone de manifiesto cierta discrepancia entre profesores y alumnos por lo que se refiere al tratamiento de los problemas de indisciplina. Los profesores proponen formas de intervención más positivas sobre la indisciplina, mientras que las sugeridas por los alumnos son más duras y menos destacables, cosa que no deja de sorprender si tenemos en cuenta que quién recibe los castigos son los alumnos y quién los imparte son los docentes.

Lo que los profesores usen como estrategia punitiva dependerá sobre lo que ellos creen que es efectivo, basado sobre su propia experiencia como profesores y como ex-alumnos (ver mi autodeterminación). Además dependerá de factores diversos: situación concreta en la que se encuentra el alumno y el profesor en el momento preciso, además de la capacidad de autocontrol del profesor para asimilar, integrar y dar respuesta a una situación conflictiva. Con todo ello creo que los profesores percibirán el castigo mayoritariamente como un medio para resolver conflictos que se debe utilizar y ha de ser eficaz y no como un medio para prevenirnos como comentaba antes.


¿Cómo perciben los alumnos los castigos?


Varios estudios han observado que los alumnos como grupo, son menos punitivos en sus creencias a medida que ellos van creciendo. Aunque este cambio está relacionado con el desarrollo cognitivo, los resultados de diversas investigaciones indican también que están relacionados con factores socio-ambientales. Esto nos puede indicar que las familias, al igual que las escuelas, pueden promover creencias punitivas en sus estudiantes y también es sus profesores.

Así, los adolescentes percibirán el castigo como la materialización de la incomprensión de la sociedad que los rodea, en ellos se están produciendo una serie de cambios de los cuales no tienen control, y todo aquello que los rodea en lugar de guiarlos en esta evolución lo que hace es reprimir sus actos instintivos, que la mayoría de veces no son ni comprensibles, ni explicables. Si tenemos en cuenta estos cambios y su condición de revolucionarios ante una etapa de su vida que deben afrontar, no nos será extraño comprobar que como coloquialmente se denomina, “se reboten” ante cualquier estrategia para frenar su comportamiento incorrecto o molesto.

Algunas formas de castigo pueden resultar eficaces con ciertos alumnos y este puede ser percibido de muchas maneras distintas ya que dependerá de cada alumno, de la edad, el sexo de la naturaleza de la relación con la persona que aplica el castigo, de la situación en que se aplique, porqué razones se aplica, etc. Y también según la personalidad de cada alumno su percepción del castigo puede variar dependiendo, de una forma muy directa del grupo-clase donde se encuentre.

El castigo puede llegar a ser desde un trauma que puede marcar a un alumno, hasta un acto de liderazgo dentro del grupo-clase. El rol personal de cada alumno marcará su percepción del castigo.

Yo creo que la forma en que por ejemplo un estudiante percibe determinados castigos puede influir en su eficacia. Es decir, algunos estudiantes pueden encontrar que ciertos castigos son en realidad satisfactorios, ya que son ellos mismos quienes buscan que un profesor determinado se lo aplique. Esto nos indica que por ejemplo, para un alumno que falta bastantes veces a clase, es posible que una suspensión o expulsión no provoque una experiencia dolorosa o frustrante, sino todo lo contrario puede provocar una sensación de alivio por no tener que asistir durante el periodo impuesto por el profesor a sus clases.

Un numero de estudios ha investigado las opiniones de los alumnos acerca de la efectividad de los castigos en la escuela secundaria entre estos estudios se deduce que los alumnos aceptan por lo general que les castigan mucho en el colegio y que los medios de que se valen los profesores para requerir silencio y atención son las usuales expulsiones de clase, quedarse sin recreo, bajada de notas, copias de esquemas o resúmenes, envío a la dirección o jefatura de estudios, pequeñas reprimendas, comunicaciones a los padres, etc.

En el estudio de Piaget los resultados confirmaron que los niños de más edad se pronuncian en contra de la represión, es decir, hacer obedecer al niño por medio de un dolor perceptible, y se mostraban a favor de los castigos de reparación de la falta cometida por parte del culpable. Para esto último sólo serán necesarias explicaciones. Con esto encontramos que los resultados de los niños más pequeños se oponían a lo dicho anteriormente, y además, estaban convencidos de la eficacia de las estrategias punitivas, cosa que chocaba con las opiniones de los niños más mayores que consideraban que ante un problema de comportamiento no se debía de responder con castigos, sino con explicaciones.

En la investigación de Merrett y Tang los alumnos de vieron las reprimendas en público como más efectivas comparadas con aquellas que se daban silenciosamente y privadamente. Las sanciones más altamente clasificadas por los alumnos estaban relacionadas directamente con los ítems más públicos y no tanto privados..

Una vez que todos los miembros de mi wiki hayan discutido los diferentes temas que he planteado, contrastaré estas teorías e investigaciones con sus opiniones y me replantearé de nuevo estas cuestiones.