¿QUÉ ES EL CURRÍCULUM OCULTO?

Desde un punto de vista general el currículum oculto es el conjunto de normas, costumbres, creencias, lenguajes y símbolos que se manifiestan en la estructura y el funcionamiento de una institución. Constituye una fuente de aprendizajes para todas las personas que integran la organización.

Centrándonos en el plano educativo, Jackson. P (1968) en su libro “la vida en las aulas” propone la siguiente definición de currículum oculto: “currículum oculto se define como el conjunto de normas, costumbres, creencias, lenguajes y símbolos que se manifiestan en la estructura y el funcionamiento de una institución. Sin pretenderlo de manera reconocida, el currículum oculto constituye una fuente de aprendizajes para todas las personas que integran la organización. Los aprendizajes que se derivan del currículum oculto se realizan de manera osmótica, sin que se expliciten formalmente ni la intención ni el mecanismo o procedimiento cognitivo de apropiación de significados.”


El origen del término curriculum oculto data de finales de los años sesenta, cuando Jackson publicó “la vida en las aulas”. Este texto constituyó un significativo aporte al debate curricular, al mostrar que en la interacción escolar que acontece en el aula se promueven una serie de resultados no intencionados. Pero estos resultados no fueron previstos por la institución o el docente y tampoco había una conciencia de lo que se estaba formando en los alumnos. A tales aprendizajes se les llamó currículo oculto. Para Jackson este tipo de currículo es una forma de socialización y adaptación a la escuela y a la sociedad.

El curriculum oculto envuelve todo lo que pasa en el aula. El curriculum oculto es aquel que se transmite de manera implícita. No aparece escrito, pero tiene gran influencia tanto en el aula como en la propia institución educativa. No tiene su origen en la normativa que impera en un determinado sistema educativo, es el resultado de ciertas prácticas institucionales, las cuales pueden acabar siendo las más efectivas en la adquisición de conocimientos, comportamientos, actitudes y valores. Al no estar escrito, permite que se pueda aprender más por las relaciones sociales que se establecen y por las actitudes que se manifiestan que por lo que se dice o se declara en la transmisión de determinados contenidos, es decir, se aprende más por lo que se hace que por lo que se dice.

Son todos los aspectos de la vida cotidiana que no están explicados en el curriculum explicito pero que están presentes en cualquier tipo de intervención educativa.

Este curriculum se desarrolla de forma paralela al currículum formal. Existen todo tipo de protocolos en las relaciones educativas, tales como puntualidad, participación activa, disposición, etc. que puede llegar a constituir el curriculum oculto, a través del cual el profesor reafirma su poder y control sobre el proceso en marcha, mientras que el alumno se puede limitar a que su avance en el curriculum formal sea lo menos complicado posible. Dependerá del grado de equilibrio que se establezca en estas relaciones, lo que aprenda del curriculum oculto.


Jackson habla de tres aspectos básicos del curriculum oculto que conducen al aprendizaje de la sumisión:
  • La monotonía de la vida en el aula ya que los alumnos pasan mucho tiempo en ella.
  • La naturaleza de la evaluación, pues la mayor parte de las veces es poco explícita y sancionadora.
  • La jerarquización existente en la escuela y el control de la situación por parte del profesor.
Desde el punto de vista de este autor, se conciben los centros educativos como instituciones dominantes que asumen una actitud pasiva y que no se enfrentan a lo formalmente establecido. Su objetivo fundamental es socializar al individuo y prepararlo para su incorporación al sistema productivo. Así, la escuela desarrolla mediante su curriculum oculto procesos de socialización autoritaria que se amparan en una ideología igualitaria y de control social. Se pone de manifiesto la perspectiva reproductora de la escuela, inspirada en los valores de la economía capitalista.

Sin embargo, otros autores consideran que el reto de la escuela se centra en el desarrollo de la crítica y de la transformación emancipadora. La escuela se muestra como un lugar cultural y político, que constituye un espacio de contestación y lucha entre distintos grupos, en el que se construyen los contenidos culturales y las relaciones sociales. Aquí la idea de curriculum oculto va más allá de los conocimientos y enseñanzas declarados de forma intencional en las aulas y las escuelas. Se incluye también todo lo relativo a la inculcación de valores, actitudes y juicios valorativos, acordes con el sistema sociocultural vigente.

En esta línea, Antonio Bolívar (1998) razona que: "todo centro escolar es una organización peculiar con una cultura moral propia, en el sentido de que provee a sus miembros de un marco referencial para interpretar y actuar, como conjunto de significados compartidos por los miembros, que va a determinar los valores cívicos y morales que aprenden los alumnos y alumnas. Este conjunto de normas, supuestos tácitos, creencias y valores se manifiestan en diversos rituales regularizados, reflejado normalmente en la cara informal de la organización del Centro, contribuyendo a socializar a los sujetos".
Para comprender mejor las reflexiones comentadas anteriormente, creo que resulta necesario diferenciar entre: educar, adoctrinar e instruir.
El que educa, ayuda al individuo a incorporarse a una cultura, pero de manera crítica y comprometida. Es decir, el que educa, ayuda a discernir qué es lo bueno y lo malo de la cultura. Insta a aceptar lo moralmente bueno y a combatir lo que resulta inadmisible desde el punto de vista moral. Adoctrinar, sin embargo, es pretender imponer los valores a la fuerza. El adoctrinador no cuenta con la libertad de la persona. No acepta que tenga el derecho de aceptar los valores que se le proponen. El adoctrinador obliga a asumir los valores, niega el derecho a la libertad de rechazarlos y a elegir otra jerarquía de valores. Por otro lado, instruir es solamente transmitir conocimientos e ideas sin pretender llegar a otras esferas de la personalidad, cercanas al mundo de los sentimientos, de los comportamientos y de las creencias.
Este autor considera que algunos profesionales de la enseñanza se declaran meros instructores bajo la excusa de que nadie les ha enseñado a hacerlo o justificando su condición de especialistas en una disciplina que deben dar a conocer. Creo que están en un error. Porque cuando un ser humano está en relación con otros, inevitablemente influye de muchas formas. Un profesor, ante un grupo de alumnos y alumnas, imparte simultáneamente muchas lecciones (no sólo de su materia): de sensibilidad, de respeto, de lenguaje, de compostura, de atención al desfavorecido... O de todos sus contrarios. Por ello considero que su personalidad influye de manera determinante en los valores que inculca y el modo en el que enfoca sus clases.
Además no podemos olvidar que el currículum oculto no solo afecta a los alumnos. En este sentido, Miguel Ángel Santos Guerra (Universidad de Málaga) considera que “los aprendizajes que se derivan de este peculiar mecanismo afectan no sólo a los alumnos/as sino también, y de manera especial, al profesorado. En efecto, al incorporarse a una institución, se produce un apropiamiento de la cultura de la misma, unas veces por convencimiento y otras por una reacción de sobrevivencia”. Esta visión también me parece muy interesante.


CARACTERÍSTICAS DEL CURRÍCULUM OCULTO

La incidencia del currículum oculto tiene unas peculiaridades que no acompañan al desarrollo del currículum explícito de las instituciones, a saber:
  • Es subrepticio, es decir, que influye de manera no manifiesta. No por eso es menos efectiva. A través de la observación, de la repetición automática de comportamientos, del cumplimiento de las normas, de la utilización de los lenguajes, de la asunción de las costumbres, acabamos asimilando una forma de ser y de estar en la cultura generada por la institución.
  • Es omnipresente porque actúa en todos los momentos y en todos los lugares. De ahí su importancia y su intensidad. La forma de organizar el espacio y de distribuir el tiempo está cargada de significados, la naturaleza de las relaciones está marcada por los papeles que se desempeñan, las normas están siempre vinculadas a una concepción determinada de poder... Cuando estamos en una organización permanecemos inmersos en su clima.
  • Es omnímodo, porque reviste múltiples formas de influencia. Se asimilan significados a través de las prácticas que se realizan, de los comportamientos que se observan, de las normas que se cumplen, de los discursos que se utilizan, de las contradicciones que se viven, de los textos que se leen, de las creencias que se asumen.
  • Es reiterativo, como lo son las actividades que se repiten de manera casi mecánica en una práctica institucional que tiene carácter rutinario. Se entra a la misma hora, se hacen las mismas cosas, se mantienen las mismas reglas, se perpetúan los mismos papeles.
  • Es invaluable, es decir que no se repara en los efectos que produce, no se evalúa el aprendizaje que provoca, no se valora las repercusiones que tiene. Se evalúa el currículum explícito, tanto en los aprendizajes que ha provocado en los alumnos/as como de manera global a través de las evaluaciones de Centros. Pero no se tiene en cuenta todo lo que conlleva la forma de estructuración, funcionamiento y relación que constituye la cultura de la institución.
Según Etkin, 1993 y Santos Guerra, estas características brindan al curriculum oculto una eficacia poderosa ya que el individuo no es consciente de su influencia, no somete a revisión crítica ese influjo y hace que no se pueda defender fácilmente de sus perversiones Lo cual no quiere decir que todos los componentes del aprendizaje que se derivan del curriculum oculto sean negativos porque algunas prácticas institucionales se asientan sobre la racionalidad y la ética.


OPINIÓN SOBRE EL CURRÍCULUM OCULTO
Estoy totalmente de acuerdo con Miguel Ángel Santos Guerra (Universidad de Málaga) cuando afirma que: “al incorporarse a una institución, se produce un apropiamiento de la cultura de la misma, unas veces por convencimiento y otras por una reacción de sobrevivencia”. Por eso es muy importante que la institución encarne valores y que no sólo los explique o predique. De este modo, será fácil que los alumnos aprendan a vivirlos. Si los profesionales de la educación son ejemplos de ciudadanos honestos, comprometidos, solidarios, tolerantes y sensibles, es probable que los alumnos hagan suyas las concepciones, las actitudes y los comportamientos de sus maestros.

Para lograr este objetivo, es necesario que las escuelas reflexionen sobre su funcionamiento, que revisen sus normas de conducta y convivencia, que pongan sobre el tapete el código moral que rige las relaciones de sus miembros y que todos los ciudadanos se comprometan con la consecución de un sistema educativo que desarrolle la igualdad y no la injusticia, con un funcionamiento de cada escuela que contribuya a una vivencia cotidiana cargada de valores. Y, desde mi punto de vista, hay muchos obstáculos en el camino que debemos eliminar porque “a través de los libros de texto, de las prácticas establecidas, de las formas de relación, etc. se perpetúan las formas de vivir y de actuar como mujer y como hombre” (Arenas, 1996; Santos Guerra y otros, 2000; Barragán, 2001). Por ejemplo, como he hecho referencia en el método de enseñanza basado en el aprendizaje cooperativo, “la organización de los espacios, tanto en su tamaño como en su disposición, su uso o el tránsito por ellos está regida por el beneficio y no por la lógica, por el interés y no por la racionalidad, por el capricho y no por la ética” (Heras, 1997), los escenarios del aprendizaje nos hacen entender que solamente uno sabe (se coloca en una posición más alta, se dirige al auditorio, dispone de medios audiovisuales, está cerca del encerado, tiene un micrófono...) y que los alumnos no pueden aprender nada unos de otros (están colocados en alineaciones que les hacer mirar al cogote del que está delante, no disponen de tiempo para hablar, no pueden hacer grupos para discutir...), el tiempo se distribuye de forma jerárquica. Basta observar la estructura temporal de las intervenciones para descubrir que se dispone de tiempo en función de lo que supuestamente se sabe. El profesor habla durante un tiempo largo, el que hace una comunicación dispone de un tiempo más breve y al que hace una pregunta se le conmina a la brevedad (típica característica de la técnica expositiva). La forma de trabajar el conocimiento y de evaluar el aprendizaje entraña peligrosas concepciones sobre la construcción, la valoración y la aplicación del mismo. Es la institución la que tiene como depositaria el conocimiento hegemónico y ella misma es la que dice cuándo se puede dar por cierto que ese conocimiento ha sido adquirido. Se desarrolla así una concepción jerárquica de verdad. A través de procesos de selección y clasificación se aprende a competir, a compararse con los otros, a buscar los primeros puestos, a hacer méritos según los criterios establecidos por la cultura institucional. Si el clima ético está deteriorado es fácil que no importe la naturaleza inmoral de los métodos que se emplean para alcanzar los primeros puestos.